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El largo adiós al dólar estadounidense - VIJAY PRASHAD


23 de julio de 2026

Queridas amigas y amigos,

Saludos del Instituto Tricontinental de Investigación Social.


Hay momentos en la historia en que un sistema parece tan completo que resulta difícil imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña "dominaba los mares", se creía, en gran parte del mundo, que la libra esterlina no era solo una moneda, sino el propio lenguaje natural del comercio. Desde mediados del siglo XX, Estados Unidos ha referido al dólar estadounidense de manera muy similar. En 1980, en medio de la crisis del orden pos-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que "en Estados Unidos, prevalecía la ilusión del todopoderoso dólar". En aquel entonces, sin embargo, esa no era solo una ilusión estadounidense. El dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva mundial y en la moneda dominante en el comercio internacional. Ahora, esa ilusión ha comenzado, lenta y desigualmente, a desvanecerse.


Nuestro dossier más reciente, La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía, demuestra que el dólar no es meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito, disciplina a los gobiernos, financia guerras y reproduce una jerarquía entre el Norte y el Sur Global. El debate sobre el dólar, por tanto, no se reduce a preferir una moneda sobre otra —el dólar frente al renminbi (RMB) o al euro—, sino a cuestionar si la humanidad es capaz de construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo en lugar de la dominación.


En los últimos años, la tentación ha sido responder a esta pregunta de forma precipitada. Cada acuerdo bilateral firmado en RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio en moneda local, cada aumento en las compras de oro por parte de los bancos centrales ha sido recibido con declaraciones de que la desdolarización había llegado. Los titulares son seductores, pero la realidad es considerablemente más compleja. Uno de los grandes méritos de nuestro dossier es precisamente negarse a confundir los deseos políticos con la realidad económica.


Al mismo tiempo, algo profundo ha cambiado. Estados Unidos ha transformado cada vez más el dólar de un instrumento de intercambio en un instrumento de coerción. Las sanciones financieras, el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de sistemas de pago y la instrumentalización de las finanzas internacionales han demostrado a los gobiernos del Sur Global que la dependencia del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente la mitad de las reservas cambiarias de Rusia fueron congeladas, muchos ministerios de Hacienda en todo el mundo se preguntaron en silencio algo que antes parecía casi inimaginable: si esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente arraigado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos.


El dólar sigue dominando la economía mundial no porque Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, lo cual no es cierto, ni porque sea responsable de la mayor parte del comercio mundial, lo cual tampoco es cierto. En cambio, el dólar domina la economía mundial porque el sistema financiero internacional está construido en torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones generan inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta, mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen vastos mercados financieros. Los gobiernos poseen dólares porque otros gobiernos usan dólares, y los bancos prestan en dólares porque los prestatarios esperan pagar en dólares. Como el dossier demuestra cuidadosamente, el dólar sigue representando la mayor parte de la fijación de precios de materias primas, las transacciones cambiarias, las reservas oficiales y el financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE.UU. haya disminuido constantemente. Esta contradicción —entre el declive del peso productivo de Estados Unidos y la continua centralidad del dólar— es lo que torna urgente el debate sobre la desdolarización.


Aunque gran parte del dinamismo industrial del siglo XXI se sitúa ahora en Asia, y no en el Atlántico Norte, las finanzas siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas operan a través de diferentes geografías, y esta divergencia no puede resolverse automáticamente. La apertura de una cámara acorazada para oro en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión del almacenamiento de metales preciosos y la infraestructura comercial en Asia, pero tales desarrollos no crean, por sí solos, un nuevo orden monetario. Gran Bretaña siguió siendo el centro financiero mundial mucho después de la erosión de su supremacía industrial, y EE.UU. también sigue disfrutando de "privilegios exorbitantes" a través del uso global del dólar, mucho después de que su participación en la industria manufacturera se desplomara. La cuestión decisiva no es si el sistema del dólar está en declive —lo está—, sino qué podría reemplazarlo de manera realista.


Sin embargo, la transición más allá del dólar dependerá no solo de cambios económicos, sino también de innovación y construcción institucional. En su reciente artículo Geopolítica y dinero internacional — un camino hacia una nueva moneda de reserva, el exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista Jr., plantea la pregunta: ¿qué arquitectura institucional sería necesaria para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo cual no sería probable ni deseable. El gobierno chino tiene poco interés en tal medida porque exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital, permitiendo que el capital circule más libremente hacia y desde China. Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores, aumentar el valor del RMB, encarecer las exportaciones chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que hicieron posible el desarrollo de China. El economista chino Yu Yongding ha presentado propuestas importantes para expandir el uso internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los BRICS+ sobre la desdolarización, pero incluso estas propuestas no sugieren sustituir la hegemonía monetaria de EE.UU. por la hegemonía monetaria china.


A lo largo de la última década, los sistemas bilaterales y multilaterales de liquidación monetaria se han expandido rápidamente. Estos incluyen el Sistema de Mensajería Financiera de Rusia (SPFS), desarrollado en 2014; el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS) de China, lanzado en 2015; marcos de liquidación en moneda local, como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia, establecido en 2018; acuerdos de swap con bancos centrales que permiten a los países acceder a las monedas de otros en momentos de necesidad; y cuentas especializadas, como las cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos transfronterizos eludan los canales basados en dólares. Aunque estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar, forman parte de la infraestructura a partir de la cual podría emerger un nuevo orden financiero.


Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso para la construcción gradual de un nuevo activo de reserva, creado colectivamente por una coalición de países del Sur Global, respaldado por una nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones internacionales y tenencia de reservas, no para circulación doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, sino que funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir la dependencia del dólar. Como argumenta nuestro dossier, la importancia de las alternativas institucionales al dólar no reside en el reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la construcción de infraestructuras duraderas capaces de reforzar la emancipación de la humanidad.


Sin embargo, las instituciones, por sí solas, no pueden agotar la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva o de una arquitectura de pagos diferente. El problema central no es solo monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en torno a la protección de la riqueza, y no a la transformación de la producción, recompensando la especulación y, al mismo tiempo, restringiendo la industrialización en gran parte del mundo anteriormente colonizado. Un nuevo orden monetario debe, por tanto, ser evaluado no solo por la estabilidad del tipo de cambio, sino por su capacidad para financiar la transformación estructural, la actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo, los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir las capacidades productivas en lugar de acumular derechos financieros. En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente reemplazar una moneda internacional por otra. Debe incorporar las finanzas a una arquitectura más amplia de desarrollo, para que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la desigualdad global.


El dinero es fundamental en todo en nuestro mundo porque gran parte de la vida ha sido mercantilizada y sometida a la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire se climatiza, mientras la nostalgia por el trueque permanece al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros y, detrás de él, se alza el vasto arsenal militar de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre el "todopoderoso dólar" en The Creole Village (1837), la expresión era prematura. En nuestra época, se ha vuelto casi natural. La riqueza de los países del Sur, ricos en recursos naturales, sale en dólares y regresa en deudas, mientras las ciudades irreales del dinero, como Londres y Nueva York, brillan con la riqueza social mundial.


Pero hay un temblor aquí y allá, como indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización: queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.


Cordialmente,

Vijay Prashad

 
 

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